Ni canon, ni tasa, ni enlace ni… ¿fragmento?

Del 20 de octubre de 2014

Es sin duda el tema estrella del momento en cuanto a Propiedad Intelectual en internet, una vez más esa dicotomía entre en el desarrollo tecnológico y una legislación incapaz de crear marcos regulatorios eficaces y que lejos de equilibrar intereses, directamente los decanta de forma manifiestamente burda hacia un sector muy específico. Con todo el ruido el consecuente que se ha generado en la red, que sirve no solo para seguir demostrando una sociedad alertada y consciente de lo que se está jugando, sino que además ofrece mucha más reflexión y análisis que la que desde luego le dedican nuestros representantes.

Y es que recordemos que todo se debe a uno solo de los aspectos que contempla la reforma de la LPI, entre los que también se contemplan otros como el refuerzo de las potestades de la comisión Sinde-Wert, un aumento en los mecanismos de supervisión para las entidades de gestión o la revisión del concepto de ‘copia privada’ que si no ha desaparecido después de semejante desvirtuación es por la partida presupuestaria del Estado que lleva su mismo nombre.

“La puesta a disposición del público por parte de prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos de fragmentos no significativos de contenidos divulgados en publicaciones periódicas o en sitios Web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento no requerirá autorización, sin perjuicio del derecho del editor o, en su caso, de otros titulares de derechos a percibir una compensación equitativa. Este derecho será irrenunciable y se hará efectivo a través de las entidades de gestión de los derechos de propiedad intelectual. En cualquier caso, la puesta a disposición del público por terceros de cualquier imagen, obra fotográfica o mera fotografía divulgada en publicaciones periódicas o en sitios Web de actualización periódica estará sujeta a autorización.”

Pues bien, el texto propuesto para reformar el artículo 32.2 de la LPI, que se ha dado a conocer como “Canon AEDE” o “Tasa Google” lo cierto es que, si somos tan rigurosos con las palabras del legislador como con las nuestras, no tiene nada de canon ni de tasa. Me explico, en Derecho podemos encontrar en muchas normativas lo que se denomina -conceptos jurídicos indeterminados- como ocurre en esta misma propuesta con eso de “servicios electrónicos de agregación de contenidos” que todos intuimos por donde van los tiros pero no está definido propiamente en ninguna ley. Pero ‘canon’ o desde luego ‘tasa’ ni son conceptos utilizados en esta normativa ni están indeterminados. De las acepciones del diccionario de la RAE en cuanto a canon, o de la definición legal de tasa, podemos extraer que se trata de formas que tiene el Estado de gravar el uso del dominio o servicios públicos por parte de personas privadas. ¿Por qué se utilizan entonces? pues al igual que ocurría con el ‘Canon Digital’ se utiliza la analogía a otro concepto como recurso para poner de manifiesto (o desenmascarar) su verdadera naturaleza y alejarlo así de posibles confusiones y eufemismos a los que nos pueda llevar el lenguaje jurídico de la normativa. Es cierto que aquí no se trata de gravar el uso del dominio público sino obras con sus titulares bien definidos, pero es el Estado igualmente quien establece un gravamen de un bien solo que en vez de hacerlo en nombre propio por cuestiones de interés general, lo hace para compensar a un sector privado por el uso de sus bienes por parte de todos nosotros.

Y es que precisamente está en eso de los conceptos jurídicamente indeterminados de “agregación de contenidos” y “fragmentos no significativos” donde se esconde otros de los aspectos clave a la hora de vernos, como todo parece apuntar, obligados a cumplir con la normativa. Dejando de lado la discusión acerca de exactamente a quién estamos aludiendo, si a humanos que seleccionan o a máquinas que agregan, lo que nadie parece discutir excepto (que yo sepa) solo se lo he visto manifestar a Borja Adsuara y a David Maeztu, es que lo que aquí se pretenda compensar sea por la comunicación pública de enlaces. ¿Enlaces? No tenemos un concepto jurídicamente determinado de lo que hace exactamente un agregador, que sí que ya sé que se supone que lo que hace es agregar enlaces, pero es que eso no es lo que se desprende literalmente de ese texto, literalmente dice que se pretende compensar es por comunicar fragmentos de contenidos. Por lo tanto, y aquí viene mi parte preferida, sean estos significativos o no, nos podría llevar a la interpretación de que cualquier tipo de enlace sin comunicar ningún fragmento del contenido al cual enlaza no estaría sujeto a esta compensación. (Ojo porque avisa bien claro que las imagenes siguen requiriendo autorización de su titular)

Un ejemplo lo podríamos encontrar en algo parecido a lo que ocurre en la home de Yahoo.com con el plugin de noticias en donde los titulares y fragmentos son diferentes con los del contenido al que enlazan. En ocasiones ni siquiera la imagen coincide con la que ilustra el artículo al que enlazan, o directamente enlazan con un video. Evidentemente soy consciente de que en el caso de Yahoo se trata de una práctica sensacionalista conocida como clickbait para aumentar el click through de contenidos de la propia Yahoo pero creo sinceramente que puede inspirar nuevas formas de agregación que eludan esta práctica que se pretende ahora regular y que es a todas luces, injusta y bananera.

Compartir:

Puedes seguir los comentarios a este artículo via RSS 2.0 Puedes dejar un comentario, o enlazar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Pinterest