“El mono apretó el botón, pero yo hice todo el montaje”

Del 15 de agosto de 2014

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“A monkey pressed the button, but I did all the setting up” ( “El mono apretó el botón, pero yo hice todo el montaje“)  estas son las palabras del fotógrafo británico David Slater cuando se le pregunta acerca del ya famoso selfie de un hembra macaco que salió de su foto-reportaje tras un viaje a Indonesia en 2011. Lo que al principio parecia una graciosa anecdota, se ha covertido ahora en una disputa entre el fotógrafo y Wikimedia, la fundación que está detrás de Wikipedia y el repositorio de imágenes bajo dominio público y licencias libres de Wikimedia Commons. Al parecer, la fundación ha incluido una de las fotografías en dicho repositorio considerándola como de dominio público al reconocer al macaco como autor (o como no-autor) y despertando con ello el enfado y la decepción del fotógrafo al ver menguadas sus espectativas de generar ingresos en concepto de royalties.

Las cuestiones que surgen con respecto al caso no son pocas desde luego, empezando por adivinar si ese supuesto lucro cesante que reclama el fotógrafo es resultado precisamente de haberse originado una disputa tan singular en torno a la imagen o si de haberse reconocido su autoría sobre la imagen estaría percibiendo tantos royalties como él cree (aunque se trate de una buena causa) . En todo caso lo primero que llama la atención es que lo que aquí se cuestiona no es al “autor” sino la “autoría” o por lo menos algún tipo de derecho sobre la obra. El propio fotógrafo reconoce que el equipo contaba con un dispositivo para accionar el mecanismo de la cámara fotográfica mediante un cable dejando el objetivo inmóbil encima de un tripode a la espera de que alguno de los animales curiosease con tal mecanismo y se produjese la instántanea, llegando al punto que la cámara fue sustraída del tripode y estuvo en manos de los macacos durante un buen rato. Tales dispositivos existen incluso en versión inalámbrica pero lo que aquí interesaba era crear un ambiente libre de la presencia de humanos para otorgarle todo el protagonismo a los primates.

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Y es aquí donde el señor Slater, con algo de ingenuidad y poca picaresca (o mal asesorado), escogio presentar el suceso como “el selfie del macaco” y no como “su extraordinaria instántanea” al fin y al cabo un primer plano no tiene porque ser siempre una auto-foto, no ocurriendo lo mismo en otras fotografías de su colección en donde sí podemos ver que él no acciona mecanismo alguno en ese momento. Pero es que aun así también existen mecanismos temporizadores por lo que nadie le hubiese discutido lo de “autor” que conlleva la “autoría” sin embargo ahora al reconcer por él mismo su ausencia en la primera, le va a costar defender la segunda.

Entrando un poco más en materia, y teniendo en cuenta que al parecer van a ser las leyes estadounidenses la que se apliquen finalmente al caso por ser de aplicación los términos y condiciones de uno de los servicios online de Wikimedia. Sí que merece la pena establecer los siguientes puntos de discusión en cuanto a la Propiedad Intelectual del caso partiendo de la normativa española pero con una perspectiva global:

1)Tanto el sentido común como la normativa nos dice que la creación intelectual es algo propio de una persona física. Sin embargo existen mecanismos legislativos que lo que hacen es establecer una ficción para facilitar el tráfico de las obras. Es aquí en donde me gusta diferenciar entre “autor” y “autoría” y el ejemplo más evidente lo encontramos en las personas jurídicas cuando se les otorga autoría bajo lo que se denomina en la normativa española como “obra colectiva” cuando una obra es creada por la inicitiava y bajo la coordinación de una persona sobre la aportación de diferentes autores (Ej. Revista). Si bien suele hacer falta autores (real) para que haya autoría de una persona jurídica (ficción), no veo por qué no podríamos invertir la formula y decir que los autores no-humanos (ficción) le otorgan autoría a una persona física (real).

2) El segundo punto de vista, y con tal de reconocerle algún derecho sobre la obra al señor Slater, podría estar en los denominados derechos conexos, afines o vecinos que son esos derechos que acompañan a los estrictamente derechos de autor en las normativas de Propiedad Intelectual. Un claro ejemplo son los derechos de los productores de fonogramas o el de los intérpretes o ejecutantes. Este parece ser el principal argumento del fotógrafo cuando pone de manifiesto por una parte la inversión monetaria de su equipo técnico y el coste de viaje y por otra parte ese setting up o montaje, incluída la edición posterior, para la obtención de semejante calidad en la imagen. El problema principal está en que no es posible reconocer un derecho conexo si no se reconoce antes el derecho al cual está conectado.

3) Unido a lo anterior además encontramos en la normativa española lo que se conoce como “mera fotografía” para aquellas fotografías en las que no se pueda otorgar propiamente una intención intelectual y un concepto de la obra. Puesto que el fotógrafo debe escoger entre diferentes opciones (encuadre, composición, iluminación…) y para diferenciarlo de un disparo “al azar” por mucha perfección técnica que tenga, la normativa le reconoce este derecho “menor” sobre estas fotografías con veinticinco años de duración para poder explotarla. Partiendo de la poca o nula intención intelectual del primate en la fotografía quizás aquí tengamos otra pista.

4) Por otra parte, en la normativa española encontramos un derecho que permite publicar obras inéditas en dominio público y que otorga veinticinco años para explotarlas de la misma forma que lo hubiera correspondido a su autor. Con esto la normativa consigue incentivar a que alguien publique algo desconocido después de haberse agotado el plazo legítimo para el autor. En este caso, a pesar de haberse incluído en dominio público, no se trata evidentemente de una obra inédita pero nos sirve una vez más de ejemplo de como la normativa pretende valorar y recompensar el esfuerzo de todos aquellos que intervienen en el tráfico de las obras más allá del propio autor.

5) Po último, hablamos de una obra reconocida de un autor no reconocido lo que me lleva a cuestionarme su entrada en ese dominio público desde el punto de vista de nuestro Derecho continental. En el Derecho anglosajón o Common Law es posible la entrada en el dominio público cuando un autor renuncia a sus derechos o como en este caso tales derechos ‘no son de aplicación’. Ahora bien en nuestro derecho, la entrada al dominio público se produce siempre por la vía de la extinción de los derechos patrimoniales de un autor reconocido previamente. En otras palabras, si no hay autor, no hay obra y por tanto no hay dominio público.

Sin duda hay mucho terreno en el que empantanarse, pero de lo que no tengo ninguna duda y teniendo en cuenta el propósito global del sistema legal de la Propiedad Intelectual con ejemplos como los anteriores, es de que no hace falta siempre partir de un estricto derecho de autor para reconocer otros derechos, por pequeños que sean, a toda iniciativa que resulte de una inversión económica legítima y tenga un sentido en el tráfico mercantil.

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