Google y los otros derechos al olvido. Las herramientas en el punto de mira

Del 1 de junio de 2014

Google derecho al olvido

¿Qué tienen en común la batalla en defensa del P2P de Pablo Soto, la supuesta impunidad delictiva en Twitter y la reciente sentencia del TJUE que obliga a los buscadores a desindexar información de los afectados? Pues que este pasado mes de mayo ha sido especialmente relevante y determinante para la interpretación de algunas de las principales herramientas en internet. Evidentemente se trata de casos originados por causas y pretensiones bien diferentes, pero lo que aquí me interesa resaltar es la similitud a la hora de buscar culpables.

Existen 5 síntomas clásicos de quienes se ven perjudicados en internet sin entender nada de su funcionamiento:

1. Atacan siempre al mensajero. Ya sea por una cuestión de efectividad a la hora de interponer acciones judiciales o para buscar rápido a un culpable.

2. Etiquetan y atacan a los usuarios. En especies y subespecies, una persona detrás de un dispositivo conectado se convierte enseguida en un internauta-pirata o en un internauta-tuitero pero no una persona normal como las de la calle (esos son callenautas…) y si detectan un comportamiento presuntamente delictivo en un par de ejemplares es que todos los demás de su especie se comportan igual.

3. Ellos siempre tienen todos los derechos y los demás ninguno. Que el progreso se vea perjudicado o se deba forzar un mayor control innecesario y perjudicial de los poderes públicos, pues que así sea. Si se trata de un derecho fundamental mejor y sino ya se lo montan para equipararlo como tal.

4. La legislación nunca es suficiente. Da igual que jurídicamente no se sostengan los argumentos, se trata de enfatizar el recurso fácil de la siempre supuestra desprotección cuando no se está dispuesto a admitir nada que contradiga el punto 3.

5. Por último, y la más entristecedora de todas, sus soluciones nunca funcionan porque no atacan los problemas de raíz o son directamente absurdas. Incluso suelen provocar reacciones en cadena que lo único que consiguen es que se refuerce y prolifere esa supuesta herramienta delictiva. (Ej. Napster, Megaupload…)

Por novedoso que pueda parecer para algunos el reconocimiento del derecho al olvido y su reciente formulario, no es algo tan novedoso para Google u otras herramientas en internet en el sentido de que ya llevan años desarrollando soluciones para atender tutelas de derechos. Peticiones principalmente que atienden a derechos de Propiedad Intelectual, pero que también atienden a derechos de imagen o falsificaciones de productos por mencionar algunos. En muchos casos tiene mucho sentido porque la violación empieza y acaba ahí, en uno de los productos de Google como Google+ o Picasa con una fotografía colgada en un perfil, pero cuando la herramienta se ve involucrada como intermediaria de una información, esa tutela se vuelve muy difícil de equilibrar entre los derechos de unos sin perjudicar la calidad del servicio para otros.

 

Informe de transparencia Google

El ejemplo lo tenemos en las peticiones de takedown de la DMCA con las que han tenido que aprender a convivir este tipo de herramientas desde sus orígenes para no renunciar a su progreso. Reclamaciones que no dejan de aumentar de forma alarmante. Se me hace difícil ahora no imaginarme un futuro parecido para ese derecho al olvido de reciente nueva concesión. Se empieza ejerciendo por unos pocos en un sencillo formulario, posteriormente se implantan herramientas (ingeniosas en sí mismas) para agilizar procesos e incluso ofrecer soluciones creativas (Ej. ContentID) para después seguirle exigiendo mayor “perfeccionamiento” que se traduce en un mayor control por parte de unos en detrimento de la calidad en el servicio que reciben los demás. Así se lo están exigiendo a Google desde acusaciones de agentes del sector, desde el congreso de los EEUU o desde el gobierno británico. Este último con un informe que si bien reconoce que en los buscadores no está la única solución, estos deben ejercer un mayor control educacional en los resultados marcando algunos resultados como “ilegítimos” y alterando su orden, cargándose la calidad de su algoritmo al que considera de padecer fisuras éticas (“in practice has done little to address the ethical loophole in its algorithm“) ahí es nada.

Hablamos en definitiva de imponer soluciones a medias, que solo actúan como parches sobre una realidad con la que parece ser no sabemos cómo reaccionar o adaptarnos o sencillamente no nos gusta. No me parece demagógico apuntar que si se invirtiesen esos mismos recursos y esfuerzo en innovar y evolucionar en vez de en presionar y obligar a intermediarios estoy seguro que les iría mucho mejor. Es muy significativo que haya tenido que ser la propia herramienta de detección de contenidos de YouTube (ContentID) la que propusiera al final soluciones innovadoras con la posibilidad de monetizar videos de terceros que utilizan contenido de los titulares de derechos. Ya que para estos su única respuesta al fenómeno hasta entonces era o todo o nada, o tienes permiso o el video debe eliminarse.

Señores más innovación y menos culpables. Y si de verdad tienes algo que reclamar legítimamente, ves a por quien aloja o comunica ese contenido o información para que lo elimine o se lo oculte a los motores de búsqueda y así entonces conseguirás solucionar el problema de verdad, de raíz.

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