Comunicación pública y tecnología de identificación. El caso Monegros vs SGAE

Del 28 de marzo de 2014

23 de julio de 2011, todo parece estar a punto para que dé comienzo la decimoctava edición del Monegros Desert Festival. Entre los preparativos de ese año la productora encargada del festival, Enter Group, prepara un experimento poco habitual para intentar dar respuesta a la siguiente cuestión: ¿es posible conocer el total de obras comunicadas con exactitud? La finalidad no es otra que la de obtener información propia con la que poder contrastar posteriormente la liquidación de la entidad de gestión correspondiente, en este caso SGAE por ser la encomendada a nivel español de autorizar y liquidar la licencia de espectáculos musicales en vivo.

Para ello ha encargado a Dj Monitor, una empresa de origen holandés especializada en la monitorización e identificación de obras musicales en vivo, para que realice un trabajo de identificación en los 5 escenarios de ese año: Open Air Gobierno de Aragón, Carpa San Miguel, Carpa Eristoff, Red Bull Academy y El Row Stage. Una horas antes de que comience el espectáculo, la empresa coloca 5 dispositivos en cada uno de los escenarios para que reciban una copia de la señal master de cada mesa de audio junto a un micrófono de ambiente a fin de garantizar la señal final emitida en todo momento. Sobre esta configuración, se convoca además a un perito forense y a un notario para la instalación de un segundo equipo de grabación que quedará precintado en lo alto de un mástil mediante acta notarial hasta la finalización del evento. En total 3 señales de audio estéreo por escenario que garantizarán en todo momento la autenticidad del objeto de la investigación.

Una vez finalizado el festival, y trás cerca de 100 horas de contenido musical analizado (ligeramente por debajo de las 20 horas por escenario) la empresa barcelonesa Agencia Son, elaboró un informe de investigación sobre la información aportada por DJ Monitor, con los siguientes datos como uno de los aspectos más relevantes del estudio:

 

El gráfico muestra un total del 85% del material comunicado como identificado a través de lo que se conoce como acoustic fingerprint (huella acústica) que permite cotejar las características perceptivas del audio comunicado con una base de datos de obras musicales. A partir de ahí empieza una laboriosa investigación por diversos catálogos pertenecientes a entidades de gestión, entre los cuales dado su carácter privado no siempre resultan fácilmente accesibles ni resulta sencillo localizar las obra en cuestión (seudónimos o nombres no declarados o que difieren entre bases de datos) y que obtuvo un 34% de obras localizadas y un 13% de autores localizados pero sin la obra en concreto declarada. Por otra parte, utilizando la referencia del código ISRC, se localizaron un 8% más de obras, y finalmente un 29% pese a ser identificadas no fueron localizadas de ninguna forma. Por último existe un 15% de material no identificado, que tratándose en este caso de música electrónica responde a las propias características de un material musical que se nutre en gran medida de la mezcla y la experimentación con diferentes fuentes, lo cual se traduce en mayor dificultad en la ya compleja tarea identificadora de estos sistemas.

Haciendo unos breves cálculos podríamos estar hablando de unas 1.300 obras comunicas en total partiendo de una media de 4’5 minutos de comunicación por obra musical, y por tanto de aproximadamente 1.100 obras musicales correctamente identificadas. Evidentemente hablamos de una situación concreta pero que me parece sin duda un buen referente en una cuestión que viene preocupando al sector musical ya de lejos. Tanto a promotores en el pago, como a editores y autores en el cobro. Especialmente al sector de la música electrónica que es el que probablemente haga un uso más intensivo de la comunicación pública de obras y por tanto precise de una mayor atención.

Tal y como viene ya sucediendo desde hace algún tiempo con diferentes empresas de monitoreo en sus acuerdos con diversas entidades de gestión a nivel mundial, recientemente la SGAE ha comunicado que tras un acuerdo con la empresa española BMAT, ésta aplicará su tecnología de identificación en colaboración con la consultora CIMEC. Lo curioso sin embargo de este acuerdo es que a pesar de hablar de una “contratación de servicios externos”, se produce mediante la colaboración con una consultora que supuestamente actúa de forma independiente pero que se sabe que es parte de la propia entidad. Lo cual desde el punto de vista de la transparencia, no es tan grande el esfuerzo…

 

A pesar de ello, el imperante avance de la tecnología está forzando el cambio de los modelos de identificación. La famosa hoja de declaración para los conciertos tiene cada vez menos sustento y más aún cuando hablamos de cada vez más música que es comunicada o directamente reproducida desde software digital, el cual permite reportar directamente de forma nativa con toda una serie de metadatos que crean un rastro digital y que por tanto podrían tener mucho que decir. SGAE habla de un 72% en el reparto según el uso real de las obras entre emisoras de radio y locales, una cifra que no solo podría y debería aumentar sino que además una tecnología correctamente bien implementada sería el garante perfecto para la tan discutida transparencia en el reparto.

El caso Monegros de 2011 se saldó finalmente con una acuerdo extrajudicial que supuso una rebaja en el pago de los derechos de remuneración por comunicación pública de esa edición, puesto que no podía ser de otra manera frente a una prueba pericial tan contundente. Pero más importante es el cuestionamiento que hace de la función principal de esta entidad, que debería dejar de una vez por todas los opacos sondeos hechos por consultoras “externas” que solo benefician a las grandes editoriales y apostar por una tecnología de reconocimiento que no deje a nadie prácticamente sin identificar ni sin ser remunerado. La tecnología lo permite, y sus recursos también.

 

 

*Agradecimientos a Agencia Son por su colaboración en el artículo.

 

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